sábado, 29 de septiembre de 2012

Te amaré por siempre...


Las horas pasaban y las gotas de lluvia caían por el ventanal. El café estaba frío, las calles vacías y su alma extrañando su compañía. Miraba cada cierto tiempo su reloj, en búsqueda de una respuesta que sabía no estaba ahí. Cansado de esperar, se levantó decepcionado y emprendió su camino sin rumbo fijo.